Ahora que tengo una nueva posesión en mis dominios, tu voz de palo gimiendo en mis mejillas. Tu vientre es un funeral en donde clavan mis dientes el dolor de sentirnos. No me importa que descuelguen azucenas de mis labios, mientras yo te amo, mientras yo te invento. ¿Agudizará Dios su instinto para pervertir los cuerpos? Inventar palabras postizas en tu olfato, y nadie que nos impida fugarnos hacia el corazón de una letra.
jueves, diciembre 29, 2005
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La envidia
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