jueves, marzo 09, 2006

A veces la alegría de llamarse

Me llamo. Me llaman. En cada nota musical te estoy llamando. Pero ¿no ves que mi llamado repica de tal manera, imperceptible, inabarcable? Me olvido de romper los tímpanos en los armarios y se repite el llamado, la llama, la danza de timbres. Murmura tu voz como una noche de luciérnagas y grita tu lengua éste llamado de Cenicientas y mujeres de polvo y estrellas.

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La envidia

 Y la envidia se vistió de mujer oscura, se maquillo los parpados, se miro en el espejo, Se ajusto los botones de un traje viejo y raído, ...