lunes, noviembre 14, 2005

Reflexión

Las palabras, preciosos abanicos arrojados al mar de la memoria, recuerdan que los cuerpos pueden flotar entre poemas (signos) sin alterar nada de su sustancia, siendo como el naufrago que jamás se salva de la imborrable necesidad del lenguaje.

2 comentarios:

Lety Ricardez dijo...

Hermosas imágenes, y es que la palabra puede ser y es tan diferente como diferente es cada ser.
Gracias por compartirlas

Isabel Bertossi dijo...

Gracias a vos, lety, por tu paso.

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