Estoy sentada viendo como el amanecer descose sus últimos hilos rosados sobre la cabeza negra de la noche. Y entonces una paloma incapaz de comprender el momento, asoma su pico en la tristeza de mi ventana. Y le sonrío al espejo pensando que siempre me han amado los pájaros como si fuera un árbol, como si mi voz tuviera alas.
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