domingo, noviembre 05, 2006

Antes de reírse de otros

Vos te reís de mí
yo me río de vos
él no se ríe de nadie
como quisiera ser
el que se dio cuenta
de la crueldad
que encierra la risa
cuando nos reímos de otro:

más débil que nosotros


Moraleja: Cuando encuentres a una persona más débil que vos, no te rías ni te burles de ella. Al contrario, trátala con el respeto que nos merecemos todos. Es de cobardes agarrarse o burlarse del más inofensivo e indefenso de los seres humanos. La verdadera valentía reside en enfrentarse a quienes nos superan o intimidan. ¡Seamos más humanos! Esto no tiene nada que ver con la Literatura, sino con la vida diaria, que siempre es y será mucho más importante que un par de poemas o novelas. Hay demasiadas víctimas y personas que sufren en este mundo, como para que nosotros –que no somos delincuentes ni ladrones ni asesinos- le hagamos a otra persona la existencia miserable.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Antes de reírme de nadie ejerzo el saludable rito de reirme de mi mismo (hay un bonito aforismo de Nietszche que ahora no recuerdo sobre el tema).

Es un ardua e interesante cruzada.

Isabel Bertossi dijo...

Totalmente de acuerdo. Primero hay que aprender a reírse de uno mismo, tarea nada sencilla. Vivimos en una época tan egocéntrica e individualista que todos nos tomamos muy en serio. Nadie quiere perder, nadie soporta perder.

También he sido testigo y he permitido –sin hacer nada- que algunos tarados se burlen de otros más débiles que ellos. Cuando tenía quince años, permití que algunas chicas de mi curso se burlaran de una amiga mía, que tenía problemas mentales. Y fue muy poco lo que hice por ayudarla. O sea la ayude, pero no como ella se merecía. De hecho, nadie del colegio al que íbamos la ayudó como se merecía. En fin…

Y todavía tengo el remordimiento de haber tratado mal a mi tía, quien al día siguiente falleció de un infarto. Yo era adolescente y no sabía lo mal que ella estaba y tampoco me daba cuenta que era una persona que necesitaba ayuda psicológica. Cuando la tuvo, ella ya era muy grande. No sé porque ahora se me vienen a la mente estos recuerdos ni porque me acuerdo tanto de mi tía, quien me quiso muchísimo y fue como una segunda mamá.

Mi tía era una mujer muy buena e inteligente, pero tuvo una vida muy dura y no supo sobreponerse a ciertas circunstancias complicadas de su vida. De hecho jamás pudo sobreponerse y vivió muy amargada los últimos años de su vida, volviéndose adicta a los tranquilizantes. Así que si Dios existe o lo que sea, espero tener la oportunidad de volver a encontrarme con ella y agradecerle todo el cariño y el amor que me dispenso cuando yo era chica.

De hechos los mejores recuerdos de mi infancia tienen que ver con ella, con mis abuelos y con mi prima. Bueno, no sé porque conté todo esto. Supongo que es porque justo en este momento tengo una foto de ella de hace diecisiete años atrás, en la cual ella y yo estamos sonriendo.

Anónimo dijo...

este post me llevo a recordar a mi tambien, a recordar a mi abuela que un dia en el colectivo me retó porque hice un comentario burdo de una señora demasiado gorda para el asiento que ocupaba. Fue una buena cosa que ella me enseñara a no burlarme de los otros porque no se que me depara el dia de mañana.
Despues que ella falleció, entendí, por cosas que descubrimos de su pasado, que había aprendido esta lección en la peor escuela... la de carne propia.

Isabel Bertossi dijo...

sam: Gracias por compartir la historia de tu abuela.
Un abrazo.

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