miércoles, marzo 08, 2006

La ensalada y el machismo


Muchos dicen que el mundo está cambiando y que los arquetipos de lo femenino y lo masculino han sido abandonados para dar paso a la tan mentada igualdad sexual. Algunos hablan de un nuevo tipo de hombre, más preocupado por sus emociones y su estética. Sin embargo, salir a comer afuera con tu novio puede tirar abajo años de lucha feminista y de revolución sexual.

El lunes a la noche fuimos a cenar afuera con Fabián, mi novio. El mozo se dirigió a Fabián en todo momento. Yo no existía. Estaba pintada al óleo. La única vez que fui objeto de su atención fue cuando se dignó a alcanzarme los aderezos y la cuchara para la ensalada, elementos que ni siquiera le había pedido. Pero era de suponer que siendo la mujer, tenía que condimentar, revolver y servir la ensalada. Fabián, el hombre y según la concepción del mozo, estaba para elegir y ordenar la comida. Al finalizar la cena, el mozo sólo interrogó a mi pareja por el gusto de la misma. Yo seguía siendo parte del decorado. ¡Condimentar y servir no debería ser una cuestión de géneros!

No obstante, y a pesar de mi desventura culinaria, aprovecho para desearles a todas las lectoras de este blog un muy feliz día de la mujer. Ustedes se lo merecen.

domingo, marzo 05, 2006

Yo

No tengo nada que ocultarte,
salvo mi silencio de recién llegada.

Me visto de reina, de princesa muerta
y nadie me quita la sonrisa de los labios.

Tampoco conozco
el dolor de las ampollas.

Mis pies se adueñan
de miradas de muchacha huraña.

Me resisto a colgar mis huesos
en los bosques más profundos
de la luna.

Bóvedas

se oye
soledad silencio
pasos en la mixtura más celeste

esa voz tu voz
me habla de pequeñas cosas

y me elevo
densamente
hacia la luna

Almas en peligro (experimento)

fantasmagórica asomo al otro lado
cruzando espejos casi angelicales

la noche es un todo un luto
que se lleva como un prendedor
en el alma de juguete
del invierno pasado

y los comerciantes
me preguntan su precio

y loca de remate
les observo con la boca abierta
y las ganas de jugar intactas

el corazón es una piedra negra
que irreversiblemente se mata

y en su lugar un hueco de aire
haciendo las veces de madre

y algún que otro sentimiento
se escapará precisamente
ahora

que tengo amputadas
las fibras más sensibles

mientras la lluvia
peina el espacio
de mis lágrimas

Atrápame al viento

y voy con mis tobillos magullados
escribiéndole a esos pájaros
que nunca vienen
y cuando giro medio cuerpo
como una U gigante
me rompe la melancolía
en una danza de guantes blancos
y sus irreversibles posesiones de mi yo

Seres cotidianos

Nos volvemos dinosaurios de lo oscuro, barcos aglutinados de primaveras. Una voz cayendo por las pestañas y un universo que se come parte de nosotros. La inmortalidad del sexo opuesto, de la política, del fútbol o del reproche. Somos seres cotidianos, suspendidos en el perchero de las cigarras. Repisas colmadas de palabras, fotografías colmadas de silencios, soles colmados de tormentas. Objetos bostezando en un tablero, invocación egocéntrica de los sentidos. Paladar de minutos adormecidos, de extrañas apariencias que caminan las paredes. Hombres y mujeres taladran nuestras memorias. La humedad nos corona con su chaqueta de madame. Pequeños dioses hacia la muerte. Podredumbre de lunes a viernes y festival de los feriados. Somos carne, refracción de la luz, títeres de un Demiurgo anochecido de espantos. Inviernos surcando glorietas en un corredor de agua que se tambalea con el paso de los años. Trascender hacia lo intrascendente, vegetar hacia lo intangible. Acostarse a dormir la melancolía del invierno y prescindir de nuestra piel cuando portamos maletas en todas las direcciones. Violetas de labios marchitos, somnolencia de la mirada y fugarse debajo de las hojas, debajo de la piel y de un Cristo tapizado de llanto. Porque adoramos la inmutabilidad del tiempo que juega a los dados con nuestras palabras.

Rosario, 19 de noviembre de 2003

Tatuajes


Anidando escudos en la piel.

5/3


Campanas blancas para erizar la voz. Y ángeles como pétalos negros sobrevolando el tono más amado de tus versos.

sábado, marzo 04, 2006

Agujas y tacones

Y quiso el miedo apoderarse de mí y nadie me advirtió de sus consecuencias. Y yo me preguntó por qué soy este río de ojos oscuros. ¿Por qué se necesitan cien muertos para abrazar el crepúsculo? Me devora esa patética actitud de niña dentro del espejo, de pantalones sueltos a los costados de una camiseta.

Un pequeño Lucifer se apodera de mis entrañas y me habla desde su saco. ¿Por qué nadie me advirtió sobre el precipicio? ¿Por qué nadie obstaculiza su inteligencia? ¿Dónde el dolor de tu adiós puede más que la despedida de unas manos? Me persiguen: el instinto de jaula, la guerra de tambores y un caracol copulando en mis senos.

Nadie me preguntó si había decidido quererte o penetrar en la invisibilidad de tu costado. A veces he abandonado todas las formas para correr presa de soledad a tu encuentro. A veces he colgado las lágrimas en una terminal sin rieles.

Me repliegan: las voces indocumentadas, la parafernalia de los dedos, el apretón de una cintura y los dolores de parto. ¿Dónde la tristeza amanecida anclará sus barcos? ¿Dónde escribiré, cuando todos los cuadernos me sean vedados?

Y yo me pregunto porqué soy esta palabra recostada en el borde. ¿Por qué la zozobra de la imperfección? Me hipnotizan: la morbosidad de unas líneas pronunciadas al descuido, la terapia del último minuto y el empujón de unas caricias sopladas en el vientre.

¿Por qué la luna pronuncia su sentencia de mujer albina sobre mi espalda? Me delatan: los vaivenes del pasado, la autodestrucción de las pupilas y la personificación de una pregunta que no detiene su curso. Y yo me pregunto por qué soy ese ademán que curva el silencio.

Y quiso el miedo apoderarse de mí y nadie me advirtió de sus consecuencias.


Rosario, 8 de diciembre de 2003

Señor H


Te recuerdo como una montaña, enorme, saltando sobre mi diminuta figura. Hombre de velas, de horizontes derretidos como chocolate. Inmensidad de tu espalda debajo de la ducha, manos como tenazas sobre esta epidermis de venas a flor de labios y una mirada pincelada de verdes que deja entrar el sol en mi regazo. Corazón de tonada lenta que va pulsando sus latidos en mis espacios. A ti, señor H, te escribo esta noche para beber de tus lunas bordadas de pasto. Verte detrás de un espejo devorando el cielo con tus dedos de roca, y quebrando lluvias sobre mi espalda, caminante de ocasos cansados. Despiértate que es hora de morder el viento sobre nuestros pasos, porque a pesar de diluvios-cascadas, de tornados-tormenta y de tantas piedras en los tejados, sabemos que después de mí, estas vos y que después de vos, estoy yo y que juntos corremos carreras hacia un mismo barco llamado Rosario.

Rosario, 4 de noviembre de 2003.

Viejo Bar

El mismo bar de siempre, el de la suerte, ¿te acordas? Amuleto insolente de cafés y medialunas. ¡Cuántas veces acudimos a tu cita, corazón, para prolongar la mirada debajo de la ropa, para prolongar el sentimiento debajo de estos ojos! Una parada de taxis que anuncian volver y regresar es morirse de a poquito bajo el asfalto caliente de una ciudad que se alimenta de mujeres golondrina. Tormenta de una despedida congelada en un marco de abrazos. Me quedo con tu nombre atado a un mechón de pelo y con tu sonrisa bostezando en mis manos.

Rosario, 1 de noviembre de 2003

Parque Independencia

Te veo, piedra, sentado junto a mí, bajo un cielo tachonado de verdes. Cascadas de chicos limpiando autos en la esquina de una ciudad asfaltada de equiláteros. Tu mano ondea la forma de mi ser mujer en una primavera que parece no detenerse nunca. Puntos negros sobre mi falda, sobre mi piel descamada de insectos. Tus ojos, tus ojos verdes. La gratitud de una tarde que se duerme sobre nuestros talones. Beberé tu sonrisa sobre las paredes de mi cama. Desnudaré tu sonrisa sobre los labios de mi mesa y recordaré tus líneas selladas con barro, con cadenas de oro en un cuaderno pequeño que crepita en este universo denominado milagros.

Rosario, 1 de noviembre de 2003.

Lunas en tus zapatos


Heme aquí entre el cielo que no es tan cielo y el infierno que si es humano. Verme en cada verso arañando las paredes de tus noches y tus días, porque tus días se alzan sobre la bandera de ese, tu deseo deshojado de lapachos. Sueltas junto a mí la correa de tus ojos y me enlazas a ti, madreselva. Besar tu sexo, luna, besar tu espalda de equinoccios, tus manos de algarrobo y fingir como fingen los niños junto al mar cuando ven alejarse los barcos. Si cada despedida se lleva un poco de nosotros, hoy tu me llevas entera y me estrangulan tus dedos en el recuerdo de aquellos años. Heme aquí renaciendo en cada gota de lluvia, resucitando en estos soles de invierno, sentada en el recodo de ese río, alumbrando lunas en tus zapatos.

Rosario, 1 de noviembre de 2003

Confesiones urbanas

Es un conjunto de textos en prosa poética que tienen que ver con mi vida, especialmente en el plano amoroso. Los textos están fechados y si bien no voy a publicar todos me parece una buena forma mostrar algo más de mí. Espero que les gusten. De nuevo, gracias a todos por su paciencia y generosidad. Últimamente agradezco demasiado. :) Los textos que publicaré en estos días pertenecen a ese poemario autobiográfico y bastante simbólico.

A quienes me conocieron un poco más

Les pido disculpas. Soy muy leche hervida.
Muchas gracias por estar.

viernes, marzo 03, 2006

3/4


Espejos rotos en la danza más siniestra del poema.

A MEDIA VOZ

la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba
sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta
desarmada

sola casi
en la muerte
casi en el fuego


Blanca Varela

Aprendamos a mentir un poco

Aprendamos a mentir un poco.

Mirarse en el espejo,
arrastrarse hasta la sombra
y cuando caiga la noche
bailarse toda la vida
en dos pasos de minué.

¿Queremos estrellas gordas
y nubes perfectas?

Me miran las hojas,
desdentadas pobres,
apenas comprenden
la alergia
de irse de viaje
bien adentro
y nunca volver.

Mentime un poco.

Hoy garabateo ausencias
en un papel de cobre.

Escribo un ensayo
sobre el ser
y las presencias más salvajes
me bautizaron olvido
mientras hilvano
fragmentos
de aire con café.

Aprendamos a mentir un poco.

Los sombreros mojados
sólo se repiten
en los cumpleaños.

jueves, marzo 02, 2006

¡Rabia!

Se han ido los muertos, los recuerdos y sólo queda una jaula vacía con un mono levemente desquiciado. Entonces las voces del circo dirán porqué no hay palabras y TODO ES CUESTIÓN DE RENUNCIAR. Eso si sin denuncias. No más ofensas de polvo.

Báilame al compás de tus tristezas, que yo me escondo. Tirana de papel y de rubor atascado en el ombligo. Quiero gritarme toda sinceridad, toda trapos colgando desde mi ventana musical. (¿Ventana musical? Si esto es música, entonces yo soy el arpegio más dolorosamente impúdico de una partitura de locos) Así me siento. Aplastada y masticada como un chicle.

Afuera todos giran. Y yo me piso las espaldas con mis tacos de vidrio. La porcelana se rompe en todas formas y las alas me sobran. Me queda grande ahuecar el silencio. Me quedan grande mis ojos y sus cavidades de mujer poeta.

Me queda grande esta página que descorcha mi-no-ser-valiente y morir en el primer intento. QUIERO GRITAR Y NO GRITO. Quiero estrellarme asquerosamente y que nadie se sorprenda. ¿Me ven? Tiemblo y no es precisamente para recibir la alegría del invierno, es para golpearme el pecho por dejarme mandar como siempre.

Fiesta de sonidos. Clarinetes, flautas. Y yo, bailarina de cajita, encerrada en mi teatro fantasmal. Chin chin. ¡Se acabo!



PD: Que cada uno saque sus conclusiones sobre este escrito. No me importa si piensan que estoy loca. De alguna forma tenía que decirlo y se dijo…


A veces la ternura

Me confieso como piel adornando el cuerpo, como triste morbosidad de los sentidos. Y me entrego como una niña abriendo un regalo en su cumpleaños de payasos pintados.

¿Quién podrá anidar silencios mientras los pájaros sólo ensayan himnos de soledad?

La envidia

 Y la envidia se vistió de mujer oscura, se maquillo los parpados, se miro en el espejo, Se ajusto los botones de un traje viejo y raído, ...