Amanece. Un Cristo desnudo se pasea por las ventanas de los edificios. Y ninguna sonrisa de sal que lo contenga. Hemos olvidado los recuerdos atados a un pañuelito. Ya nadie delira por tus ausencias. A nadie le importa saberte escribiendo o pensando. Te has diluido como una mancha en la alfombra. ¿A dónde arrojaremos tus huesitos mágicos? ¿Nadie reclamará tu cuerpo o tu sangre? Te han matado, poeta. La luna pronunciará tu nombre con calidez de trapo. Y yo soñaré contigo algunas veces, mientras tus versos se inclinan despacio. Yo seré tu llave, tus cenizas jugarán con el viento, mientras ideo algún plan para rescatar tu aliento entre mis manos. Mientras tanto, te hago mía para que sigas girando…
sábado, junio 30, 2012
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