Marcho con esta culpa que siento mía, marcho,
y caigo con mi fusil de arena en la memoria de tus ojos.
Creo que necesito una ausencia más afilada que esta,
una certeza que no se escriba en el aire y se la robe
la noche en una botella de perfume blanco.
Resisto a las palabras que se pronuncian en mí.
Creo en tu sombra, en el silencio ardiente
de mirar sin ser mirado. Escucha, hablo.
Mi trinchera, el silencio, tus labios.
Y una mano arrebatada, buscando.
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